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Tetas

  • 8 ago 2018
  • 4 Min. de lectura

Tetas. Estas 5 letras contienen algo más que un significado por todos conocido, también le da nombre a las dos cosas más preciosas, perfectas (incluso cuando no lo son) y maltratadas, tanto sexualmente como en la vida diaria que el mundo ha conocido. Son las piedras angulares del sexo, las primeras neveras de las que bebemos, y sobre todo algo que por mucho que se intente fabricar o imitar (o por muy perfeccionistas que sean) nadie podrá NUNCA igualarlas. Tetas. Si hasta riman con Metas. El nuevo destino de Virgi y Bastian era una pequeña ciudad que tenía mucho en común con las Tetas, pues tras mucho tiempo siendo castigada y vilipendiada, de tratar de convencer a la gente de que no debían respetarse o mostrarse al mundo, finalmente había conseguido ser un referente dentro del mundo moderno y, en especial, de las personas con menos cerebro y mucho músculo. Benidorm y sus playas, llenas de bellas mujeres, aunque superficiales, y hombres ciclados, y más maquillados que sus novias, eran la muestra más brutal y sincera de la hipocresía de la humanidad, pues su población estaba dentro de la raza humana (a veces por desgracia), pero luchaban del modo más silencioso, y hábil, contra la peor lacra que el mundo moderno y “civilizado” ha construido y sufre en toda su historia: la censura. Mirara a donde mirara mi hijo veía tetas al aire, con sus rosados pezones y sus curvas bañadas en el sol, y si no era así resultaba ser porque su retrasado hermano, Bastian, se había puesto entre los ojos de Virgi y la siguiente chica a admirar con el único fin de tener las mejores vistas para acariciarse su repugnante y minúsculo prepucio. Al menos tenía la decencia de eyacular sobre el suelo o dentro de sus propios pantalones, así que nadie se vio afectado por tal nauseabundo vicio público. ─¿Y por qué crees, patético hermano, que el mundo sigue censurando en las redes y los medios estas bellezas circulares con sabor a sudor de musas? ─Seguramente porque son unos putos gilipollas, porque bien que después no hay reparos en colarnos instantáneas de guerras o niños muertos o hinchados por el hambre. Creo… hermano… ─esta pausa se debió a que había vuelto a eyacular sobre la espalda de un octogenario que se tostaba sobre una sombrilla del Atlético de Madrid. ─que nuestra especie no entiende el bien que puede hacer al mundo la imagen de estas… tetas… ─se estaba volviendo a tocar, esta vez usando la mano del anciano que había recibido su esencia, y que parecía haber muerto de un golpe de calor. ─La humanidad nos quiere con miedo al mundo, atentos a sus desgracias, y apartados de lo que le da a la vida razones para no suicidarse. Nos quieren aborregados y con miedo, y dándole la razón a los que pixelan pechos o creen que no deben mostrarse en el cine ni la televisión. ─Que poco hemos evolucionado… ─Cuanto nos falta por aprender… ─Larry Flint… ─susurraron los dos al mismo tiempo, demostrando que su conexión genética no era una mentira. Virgi pensó que había una manera de hacer que el mundo perdiera el miedo a la imagen pública de los pezones y las tetas, y era sacándoles del cerebro lo que en realidad pensaban para que la sociedad pudiera verlo y comprendiera que negarse a sí mismo, a sus deseos, era la peor forma de morir en vida; si exceptuamos la lapidación, quemar a lo bonzo a alguien, o hacerle ver Tele5 cualquier día de la semana por la tarde. ─¿Has visto Little Nicky, hermano? ─¡Sí!, creo que es la mejor comedia que se ha hecho jamás. Y Adam Sandler es dios. Tras ser testigo de que el retraso mental de su hermano estaba a la par que sus gustos fílmicos, Virgilio cerró, de nuevo, los ojos, y buscó en el interior de todos los humanos de la ciudad, de los que miraban con los mismo ojos las tetas en la playa y la censura en los medios aceptando ambas, y dejó que simplemente se transformasen en lo que realmente eran. Las bellas y suaves montañas de carne y terminaciones nerviosas comenzaron a surgir de la frente de todo cuanto rodeaba a mi hijo, incluyendo a Bastian que las aceptó entre gritos de alegría y orgasmos anales sin control, creando una marabunta de histeria parecida a lo que las películas documentales de la Segunda Guerra Mundial relataban en caso de bombardeos. Nadie dudaba en pisar a quien se le pusiera delante, porque el dolor de cabeza y el peso de las tetas que crecían sin control y hermosos contornos se hacía cada vez más intenso, sobre todo en los casos en que el nuevo propietario tenía una fijación morbosa con las embarazadas en etapa lactante, a los que había que unir además del bamboleo hipnótico de un buen par de tetas el desequilibrio que provoca la leche de su interior. ─Hermano, ¿puedo ponerme un piercing? ─Bastian pellizcaba sus pezones al tiempo que se le caía de entre los labios un hilillo de baba lujuriosa y espesa, que goteba aen su erecto pene. ─Por supuesto, estiércol con piernas. A partir de este momento las tetas son libres de verse y hacer lo que se quiera con ellas. Tetas… Cinco letras, tantos sentimientos. Y el mejor sabor.  


 
 
 

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